¿Y por qué linaza?

¿Y por qué linaza?

Esta pregunta se la hice a una paciente a quien le había indicado ácidos grasos esenciales (omega 3,6,9) como parte de su tratamiento. Como en Venezuela vivimos momentos de escasez de medicamentos, ella no había encontrado el fármaco.  Entonces volvió a mi consulta y me dijo que lo que yo le había mandado a comprar en la farmacia lo podía conseguir con el consumo de linaza. Tenía ella razón.

Hay evidencias de que el cultivo de la linaza comenzó en la era neolitica 10.000 años antes de Cristo. Su cultivo fue una práctica común entre el 4000 y 2000 A.C. Su valor era tanto como culinario como textil al usar la fibra del tallo en  la elaboración de prendas de vestir.

Vamos entonces a adentrarnos en la linaza. Es una semilla que viene de la planta de lino o linasa (Linum usitatissimum), planta herbácea de la familia de las lináceas. De ella se extrae harina y aceite de linaza.

Su composición química  depende de factores como la variedad, la zona de producción y época de cultivo, pero en líneas generales contiene ácidos grasos (de los cuales el 80% es del tipo poliinsaturados), proteínas, carbohidratos, calcio, fibra, vitamina B1 y minerales como el magnesio, fósforo y selenio. Entre los ácidos grasos poliinsaturados se tiene el acido oleico (omega 9), linoléico (omega 6) y el α-linolénico (omega 3). También contiene lignanos, este es un polifenol del tipo de los fitoestrógenos antioxidantes.

Hablemos de los beneficios. Tanto el acido linolénico (omega 3) como los lignanos, tienen un efecto protector en los vasos sanguíneos porque evitan los daños que produce la inflamación excesiva al bloquear algunas sustancias relacionadas con la inflamación crónica como lo es el factor de activación plaquetaria – PAF, por nombre en inglés-  y la proteína C reactiva, cuyos niveles se usan como indicador del status inflamatorio del sistema cardiovascular.

El estrés oxidativo de los vasos sanguíneos también puede disminuir por el efecto antioxidante beneficiosos del magnesio y de los lignanos de la linaza. Tanto el estrés oxidativo como la inflamación crónica que pueden ser disminuidos con el consumo de linaza, están implicados en  algunas patologías como la resistencia a la insulina, la diabetes y el síndrome metabólico.

Este efecto antiinflamatorio y antioxidante parece ser beneficioso en la prevención de cáncer. Por otro lado, el lignano puede ser transformado en enterodiol y enterolactona, sustancias que tienen un efecto directo en el balance hormonal, por tanto, podrían ayudar en la prevención del cáncer del tipo hormonodependiente. El lignano también parece activar algunas enzimas que bloquean toxinas implicadas en la génesis del cáncer.

La fibra contenida en la linaza favorece el vaciamiento gástrico, favorece la absorción de nutrientes, y regulariza el tránsito intestinal, por tanto, mejora el estreñimiento y evita que toxinas cancerígenas permanezcan el menor tiempo posible en el organismo.

Basados en investigaciones y recomendaciones de salud pública, The George Mateljan Foundation (whfoods.org) sugiere incluir en la dieta diaria alrededor de tres cucharadas (1.5 onzas o 42 grs.) de frutos secos y semillas que incluya linaza.

Finalmente, como siempre, nunca dejamos de aprender de nuestros pacientes. ¡Disfruten de la linaza!



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