Y ¿siguen juntos?

Y ¿siguen juntos?

“Amar es desear lo mejor para el otro, aun cuando tenga motivaciones muy distintas. Amar es permitir que seas feliz, aun cuando tu camino sea diferente al mío. Es un sentimiento desinteresado que nace en un donarse, es darse por completo desde el corazón”. El principito

En el marco de la celebración del mes del amor, quisiera compartir con ustedes algo que espero pueda ayudar a muchos de alguna forma.

Durante el mes de diciembre, tuve la oportunidad de compartir con varios medios de comunicación en la ciudad de Miami, mi historia personal; esa que algunos de ustedes posiblemente ya conocen, a través de otras de mis publicaciones aquí en Inspirulina.

Durante las increíbles entrevistas que me hicieron con motivo del lanzamiento de mi libro El milagro de mi imperfección: cuando buscar bebés no es una ecuación matemática, hubo una pregunta que se convirtió en el lugar común de todas ellas. Y lo que me sorprendió fue que no guardaba relación con el tema de la infertilidad o de la adopción.

  • Después de todo lo que pasaron, ¿tu esposo y tí aún siguen juntos? ¿Cómo hicieron?

Por eso, me encantaría poder abrir el tema con ustedes y tener la oportunidad de mostrarles varias aristas de lo que transitamos y de cómo logramos superar todo aquello; porque nuevamente se trata de un asunto que no suele tocarse tan abiertamente en el colectivo. Porque el amor, cuando se ve amenazado y se niega a morir se esconde tan profundamente esperando que en algún momento ambas partes decidan luchar por él, que hasta podemos dejar de sentirlo.

Mi matrimonio estuvo a punto de terminar luego de tanto sufrimiento y frustraciones revueltas causadas por más de diez años de incansables intentos fallidos por ser padres, por tener un hijo.

Nos convertimos en la pera de boxeo del otro. La obstinación por lograr el embarazo echó a la esquina más oscura de nuestras vidas la razón de estar juntos. La rabia que sentíamos encontró su lugar favorito en el desahogo diario de las frustraciones de ambos. Desde nuestra posición de víctima, el culpable por excelencia del infierno que vivía cada uno era el otro.

Con este panorama: ¿cómo saber si seguíamos enamorados? ¿Valía la pena seguir juntos? ¿Podíamos recuperar lo que parecía irrecuperable?

Sí, es una decisión que cuesta mucho, porque exige mucho.

Comprendimos que:

  • El amor comienza por uno, no por el otro.
  • No se puede recibir, valorar ni sentir el amor que el otro tiene para darnos, hasta no saber –en lo personal– lo que necesitamos.
  • El amor exige doblegar nuestro ego.
  • Exige un SÍ inmediato, a pesar de la rabia sobrenatural que estemos sintiendo hacia el otro y de no saber cómo recuperarlo.
  • Exige aferrarse con desespero a la escucha de lo que el otro pide a gritos o en silencio.
  • Implica llegar a acuerdos y cumplir las promesas, porque, que funcione, depende de recuperar la confianza.
  • Implica apostar, arriesgarse, sin ninguna garantía de éxito.
  • Y también implica soltar el resultado y aceptar que puede que, a pesar de los esfuerzos, no se logre lo esperado. Pero habrá valido la pena intentarlo.

Desde el amor todo es posible, porque el amor es lo opuesto al miedo. Es confianza, es certeza, es atrevimiento, es sentir.



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