¿Y tú a cuáles diosas griegas conoces?

Cualquier domingo por la mañana, podía sentir que me volvía loca —literalmente— al no poder decidir qué quería: salir a pasear con las niñas, sentarme a meditar, hacer un almuerzo rico para mi esposo y ordenar la casa o hacer una excursión en solitario. La indecisión me hacía sacar el látigo y reprocharme el que me costara tanto decidir algo tan sencillo. Además, escoger cualquiera de las acciones traía como consecuencia un gran sentimiento de culpa —por aquellas que no elegí— y así, casi me pierdo en la guerra de mi propia psique.

panteon_romanoLeer a Shinoda Bolen —por sugerencia de mi terapeuta Carolina Vázquez Hernández— ha significado un gran paso hacia la comprensión de mí misma. Comprenderme, me ha permitido perdonarme. Perdonarme, me ha permitido sentir paz.

Con motivo del segundo Retiro de Yoga y Danza, les comparto el estudio que estoy haciendo (otra vez) del libro Las diosas de cada mujer de Jean Shinoda Bolen.

Así, como en la foto, se sentía mi cabeza cuando yo no era consciente de las diosas o arquetipos que luchaban dentro de mí por protagonizar mi vida.

Las diosas vírgenes

Shinoda Bolen estudia, con detalle, siete diosas del panteón griego. Las ha dividido en tres categorías: las diosas vírgenes, las diosas vulnerables y las diosas alquímicas.

Les presento a las diosas vírgenes (siempre digo «mis favoritas» pero eso me pasa con todas). Estas diosas son Atenea, Artemisa y Hestia. Ellas tres son mujeres independientes, autosuficientes. Vírgenes, no porque no tengan o no hayan tenido relaciones sexuales. Son vírgenes porque no son poseídas por el otro. No son «penetradas» por apegos emocionales que las desvíen de sus objetivos. La pasión no les conmueve. Por eso se dedican a desarrollar sus talentos, a resolver problemas, a contemplar, crear o expresarse sin nada que disuelva su concentración.

Como pueden imaginar, estas diosas no son las favoritas de nuestra sociedad patriarcal que aplaude a la mujer esposa, a la mujer madre, a la mujer que dedica su vida a su hombre o a sus hijos. No hay diosas vírgenes en las telenovelas. Cada vez que decides concentrarte en tu objetivo personal ellas te hacen barra: «¡Sé fiel a tu arte! —gritan— ¡Sé fiel a tu deporte! ¡Sé fiel a tus estudios! ¡Exprésate! Tú no necesitas ser aprobada. ¡Sé fiel a ti misma!», me susurran continuamente.

Sin estos arquetipos, no tendríamos a una Santa Teresa de Jesús a quien quizás no todos apoyaban en su vocación religiosa; ni a una Amelia Earhart que se imaginaba volando un avión en vez de caminando hacia al altar.

¿Y tú a qué diosas vírgenes conoces?



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