Y ya me voy, adiós, me fui. Las despedidas

Últimamente he tomado consciencia de que he tenido que decir adiós con mucha frecuencia, y en todas sus versiones y modalidades, adiós para siempre, momentáneos, otros con un quizás nos volveremos  a ver, todos y cada uno de ellos dejan una huella en el corazón, y cuando una pequeña rendija se abre allí, nos da la oportunidad de reflexionar sobre ella, ver qué frutos da esa abertura y como cerrarla para que pase a ser una cicatriz.

Si alguien les pregunta ¿Qué sientes cuando te despides? La respuesta será similar a la mía ¡Depende de qué despedida se trate! Por lo general estas llevan mucha carga emotiva y unas serán de alegría y felicidad, como una despedida de solteros (a), una despedida por un viaje de vacaciones, pero otras (la mayoría) denotan mucha melancolía, porque sabemos que pasará mucho tiempo en que nos reencontremos con esas personas que han formado parte de una etapa importante de nuestras vidas, despedidas para siempre con el fallecimiento de un ser querido y esas despedidas que vienen por la ruptura, abrupta o no, de una relación personal o de trabajo. Cada una de estas situaciones, como dije anteriormente deja una huella, una herida abierta que debemos procurar transformar en cicatriz.

Hablo de cicatrices y estas para mí no tienen la definición de algo doloroso o traumático, soy de las que considero que las cicatrices no se ocultan, no se minimizan, porque son el reflejo de las batallas que hemos peleado y de las cuales hemos salido airosos, aun con el dolor que en su momento hayan provocado; una cicatriz bien cerrada indica que alguna vez una herida abierta estuvo allí, pero ya solo es un recuerdo, un recuerdo de un ciclo terminado y del que aprendimos cómo seguir avanzando y transformarnos en mejores seres humanos.

Fuente: http://pensamientos.cc/pensamientos-en-poemas-para-no-rendirse/

Fuente: http://pensamientos.cc/pensamientos-en-poemas-para-no-rendirse/

Las despedidas son cierres de ciclos, nos dejan ver que vivimos una etapa de nuestras vidas, pero que esta ya ha culminado, con o sin nuestro consentimiento o aprobación, porque muchas veces no somos nosotros los que tomamos la decisión de cerrar este ciclo, nos vemos forzados a hacerlo o a aceptar su cierre; pero están allí por alguna razón, sucedieron por algo y  lo importante aquí es descubrir las razones de ello, las oportunidades de crecimiento y sobre todo exprimir el jugo de esa naranja para degustar todo lo que nos haga ser mejor hoy de lo que fuimos ayer.

Mi sobrino Jesús Enrique ha terminado su último año de primaria, ahora empieza una nueva etapa, el liceo, la secundaria, empiezan cambios hasta fisiológicos, ya se empieza a quedar atrás la niñez, pasa a la adolescencia, cambia toda la estructura de estudio a la cual estaba acostumbrado; para todos esto puede ser algo normal, pero evalúen la cantidad de cambios que están presentes allí y los debe manejar un niño de 11 – 12 años, vivirlos y acostumbrarse a ellos; no es fácil, pero no imposible, cuentas con personas a tu alrededor que te van ayudando, que te van guiando  y así se nos presentan cada una de nuestras “despedidas”, aun cuando pensamos que estamos solos, que nadie nos acompaña, en el fondo sabemos que no es así, que hay alguien más, ese ser supremo en el que creemos, nos da las fuerzas para levantarnos y seguir adelante y si no crees en nadie, cree en ti, estás ahí por una razón, has llegado hasta donde estás por alguna razón.

Esa es la vida, crecer, avanzar, transformando, tomando las herramientas que se nos entregaron, tomando las que nos procuramos en el camino, sabiendo que todo empieza y todo se termina y que esto tiene su ventaja, porque tenemos la oportunidad de rectificar y mejorar. Conscientes de que no debemos quedarnos anclados en el ayer, en el pasado, sino fortalecernos con el aprendizaje que este nos ha dejado, quitar los sentimientos de culpa y si los sientes evalúa porqué están allí, pide perdón a quien tengas que pedírselo y sigue avanzando, acepta las disculpas a quien tengas que aceptárselas y sigue avanzando; cierra heridas, transfórmalas en cicatrices y aprende a verlas de otra manera, despídete y que esa despedida te haga mejor cada día.

Me despido con una frase del sacerdote Alberto Linero, ¡Vive el presente consciente del mañana!

María Carolina Rivas S.



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