Yin yang, principio de diferenciación e integración

Yin yang, principio de diferenciación e integración

El yin y el yang, la dualidad taoísta. El tao es concebido como el todo y el vacío, el cero y el infinito. ¿No es esto contradictorio? No, si lo vemos desde una lógica no razonada, desde nuestra conexión con ese todo que nos trasciende, y que trasciende todo lo que es dual; allí encontramos expresado en ese todo el yin y el yang. En donde el yin representa la acción sensible, fortalecedora y cooperadora, la luna; en tanto el yang se constituye en la actividad agresiva, expansiva y competitiva, el sol.

En la cultura occidental se ha tratado de hacer ver que el yin representa lo femenino y el yang lo masculino. Esta consideración desvirtúa la esencia del principio de complementariedad de las dos polaridades, las cuales son propias del ser humano como un todo.

Así una acción yin estará vinculada con el entorno, es decir, la polaridad yin nos permite hacernos conscientes de las personas que nos rodean, sus emociones, lo que necesitan. En tanto que una acción yang estará vinculada al sí mismo, lo hago desde mí, para mí. Y no me refiero al ego, ese es otro asunto, Me refiero a esa capacidad competitiva que tenemos todos y que nos hace ser agresivos y creativos para obtener una victoria.

¿Qué es lo significativo de esa premisa, en términos de lo que nos ofrece el tao? Su complementariedad e interdependencia. Si nuestro propósito es lograr un bienestar emocional, no podemos andar por la vida solo siendo competitivos, porque podemos arrasar a nuestro entorno inmediato: las personas a quienes queremos. Como tampoco podemos ser solo cooperación y actuar en beneficio de los demás, porque no podemos olvidarnos de nosotros mismos.

En el tao se busca la unidad de los opuestos, tal como se evidencia en la representación del yin y el yang marcado por un círculo con dos polaridades, en las que en lo interno de cada una se observa una semilla del contrario (ver figura 1) La luna en el sol, el sol en la luna.

Figura 1

Imagen tomada de: https://www.pinterest.com.mx/pin/639370478326123856/

También se evidencia en esa figura la diferenciación de los opuestos, de distinguir los polos, de ser conscientes de las polaridades. Al separar y diferenciar podemos darnos cuenta de que en un momento podemos ser más yin y en otro ser más yang. Y no conseguiremos darnos cuenta de cuánto yang o cuanto ying podemos ser, sin antes darnos cuenta de la naturaleza de cada polo. Entonces, allí comprendemos que los opuestos se necesitan y están íntimamente relacionados. La vida oscila entre el ying y el yang, forma y vacío, presencia y ausencia, materia y espíritu.

¿Cómo podemos aplicar este principio taoísta a nuestra vida diaria?

1.- Reconocer que somos seres duales, que tenemos polaridades, opuestos que se conjugan en nuestro hacer.

2.- Vivenciar cada emoción, sin negarla. Cuando nos cerramos a lo que nos ocurre internamente, dejamos a un lado la posibilidad de conocernos desde nuestras polaridades.

3.- Cultivar cada polo, yin y yang, para poder ser más empáticos y sensibles, y al mismo tiempo competitivos y cooperativos.

Al estar conscientes de estas polaridades podemos aprender a autorregularnos desde la creatividad y el respeto a nosotros mismos y a los demás.



Deja tus comentarios aquí: