Yo soy la viudita, la hija del rey

Cuando era niña, la Susanita que llevaba por dentro me llevó al extremo de pedirle a mi mamá un traje de novia como regalo de un viaje ¡insólito, pero cierto!

A medida que fui creciendo, comencé a tomar conciencia de lo duro que trabajaba mi mamá para poder darnos la mejor educación posible sin el apoyo de papá; esa necesidad de triunfar profesionalmente se me fue metiendo en el torrente sanguíneo y terminó formando parte de mi respiración porque un día mi abuela materna, quien fue una perfectísima ama de casa, me dijo: «estudie mucho mija, para que no tenga que depender de un hombre; esa oportunidad no la teníamos en mi época».

Para la mayoría de las mujeres que nacimos a finales de los trascendentales años 60 era normal terminar los estudios universitarios, pero también para esa mayoría la prioridad era el matrimonio, porque parecía que no importaba cuan exitosa pudieras llegar a ser en tu carrera, sin un hombre al lado el calificativo más común era: fracasada.

viudita-rey

Al pasar de los años, los divorcios se convirtieron en el común denominador, hoy lo raro es ser hijo de padres casados, y no tener hermanastros es extrañísimo.

Mi abuela no se divorció nunca, crió siete hijos y dos nietas, mi abuelo fue un gran proveedor, afable y muy complaciente, pero para ella más importante era «¿no depender de él?».

En estos días estaba en un curso y una mujer, que ha sido la primera fémina en muchas áreas de su carrera profesional, con una vestimenta absolutamente fuera de lo tradicional, afirmó categóricamente: «el mejor rol que cumplimos las mujeres es el del hogar y la familia». De inmediato hubo un murmullo generalizado, incluso, hombres que decían que estaba equivocada y que las mujeres debemos salir a trabajar. Daba la sensación de que quedarse en casa es algo menos que pecaminoso.

Parecerá loco, pero yo estoy de acuerdo con ella, el mejor papel de una mujer, donde se desempeña sin presión, con experticia intuitiva y miles de fortalezas, es en el cuidado de su familia, en crear espacios armónicos de hogar, en dar a los hijos lo mejor. Nos hemos convertido en unos cuarto bate (en el béisbol los cuarto bate son los mejores bateadores) mezclados con mujer maravilla, en una competencia extrema para sobrevivir en el mundo «de los hombres», que seguramente era necesario porque había que derribar demasiadas murallas de prejuicios, pero al irnos al otro extremo, dejamos vacío el nido o lo cuidamos a medias y las consecuencias son incontables.

viudita-rey2Por supuesto que me fascina salir a trabajar, escribir, cerrar negocios, crear campañas, editar publicaciones, pero lo hago por amor, no por competir con ellos. Si esto lo puedo complementar con una familia, para poder dar de mí lo mejor que soy como mujer, entonces, creo que mi mujerabilidad habrá llegado al equilibrio, sin frustraciones, porque estaré estableciendo bases de amor concreto que siento me permitirán pasar los momentos difíciles con aplomo y disfrutar de los buenos al máximo.

Creo que si una masa crítica de seres humanos pensara así, podremos construir una mejor sociedad, porque una cosa es cien por ciento cierta: la familia es la célula de la sociedad. Si cada uno de nosotros la construimos, en primera persona del plural, con amor concreto, tendremos el mundo que deseamos, lleno de armonía y paz.



Deja tus comentarios aquí: