Yo también quemé mis naves

En el siglo III antes de Cristo, el rey de Macedonia, Alejandro Magno, observó al llegar a la costa fenicia, que sus enemigos le triplicaban en número y que su tropa se vería derrotada antes de pisar el campo de batalla. Así que desembarcó e inmediatamente mandó a quemar todas las naves. Mientras su flota ardía, el líder macedonio reunió a sus hombres y les dijo: 

«Observad cómo se queman los barcos… Esa es la única razón por la que debemos vencer, ya que si no ganamos, no podremos volver a nuestros hogares y ninguno de nosotros podrá reunirse con su familia nuevamente, ni podrá abandonar esta tierra que hoy despreciamos. Debemos salir victoriosos en esta batalla, ya que solo hay un camino de vuelta y es por el mar. Caballeros, cuando regresemos a casa lo haremos de la única forma posible, en los barcos de nuestros enemigos”.

Ese es el origen de la conocida frase «Quemar las naves». Alejandro Magno, quien no sabía de concepciones del estudio de la motivación utilizó una estrategia militar que lo llevaría a muchas victorias y fue el compromiso total y arrojado hacia un fin una brutal motivación. Los griegos no sabían si ganarían una batalla en la que estaban claramente en desventaja. Pero sí estaban altamente motivados porque no tenían otra alternativa. Lo único en que pensaban era en ganar.

Todos tenemos debilidades y existen personas que tienen más oportunidades, más medios, más experiencia, más contactos. Pero esto no es necesariamente garantía del éxito. Paradójicamente, muchos de los que pareciera que todo lo tienen en bandeja de plata carecen de motivación al éxito. Muchos de los personajes más relevantes de la historia de la humanidad, los más sobresalientes y los más exitosos, han sido los que han mordido el polvo y han tenido que demostrar valentía, coraje y compromiso en las acciones que los condujeron al éxito. Estas personas han sentido miedo, pero la gran diferencia radica en que no permitieron que este los inmovilizara. No existe valentía ni coraje en ausencia de miedo. Es la manera de sacar fortaleza de la debilidad. En la vida no hay garantías, pero sí aumentarás enormemente tus posibilidades de logro intentándolo todo.

¿Qué podemos hacer si el miedo nos atrapa? Dejar de centrarnos en lo malo que puede pasar si damos ese paso y pensar en lo negativo que sería no darlo. No le des espacio a la duda. ¿Cuántas oportunidades en la vida has perdido por miedo? ¿Qué sueños dejaste olvidar? ¿Cuántas relaciones y cuántas personas dejaste ir por miedo a intentar, a sufrir, por conformarte con tu situación actual? ¿Qué hubiera sido de ti si hubieras quemado tus naves?

Esperar que suceda algo no es lo mismo que comprometerte a ello, ni tiene los mismos resultados. Que el miedo agudice tus sentidos y genere en ti el empuje, el arrojo, el enfoque y la motivación al logro. Todos estamos genéticamente preparados para el éxito.

El ejército de Alejandro venció en aquella batalla y regresó a su tierra a bordo de las naves conquistadas.
Deja atrás tus miedos. Quema tus naves y obsérvalas mientras arden, porque en el momento en que te des vuelta ya no serás el mismo. Tu instinto y compromiso te volcarán hacia adelante y no te rendirás.

O ganarás, o aprenderás o lograrás.



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