Yoga Profiláctica

Además del cambio de modales que ha ocurrido en la pasada década en los usuarios del Metro (de Caracas), una de las situaciones que más me impactó en éste, mi tercer intento por vivir en Venezuela, fue la alta proporción de gente con sobrepeso en el país (aunque mi observación se reduce a Caracas). Al principio dudé, y pensé que tal vez era una falla en mi apreciación, luego de 16 años viviendo fuera. ¿Sería que no me había dado cuenta de esto antes?, me decía a mí mismo…

Un par de años después, ya medio aclimatado a la nueva Venezuela, me encontraba elaborando una presentación (para mi empresa de bienestar corporativo) sobre la conveniencia de promover la actividad física en las empresas, como una de las formas de cumplir con la LOPCYMAT. Uno de los argumentos bandera sobre mi presentación era lo perjudicial que resultaba para el trabajador el llevar una vida sedentaria, lo cual impacta negativamente la salud de la persona con neuralgias, estrés, sobrepeso, entre muchas otras afecciones. Cuál sería mi sorpresa cuando al investigar sobre el sobrepeso en nuestro país, me topé con toda una gama de estadísticas que corroboraban mi observación inicial.

En un artículo publicado en Noticias24 el 21/09/09, la nutricionista Carmen Correa resaltaba lo alarmante del problema en Venezuela, en donde según un estudio por la OMS (del año 2005), el 65% de la población venezolana presenta sobrepeso (en USA, uno de los países que normalmente se usa como ejemplo de este problema, alrededor de 1/3 de la población exhibe este problema).

Uno de los problemas más comunes que se desprende del sobrepeso y de pasar largas horas sentado (otro elemento agravante es el no cambiar los zapatos regularmente) es la fascitis plantar. Si no lo hubiera sufrido, no lo pudiera decir con los pelos en la mano, como se dice en criollo, pero créanme, esto no se lo deseo a nadie. Para describirles la sensación, imagínense que cada vez que apoyaran el talón, alguien les hundiera un clavo como los que usaron para clavar a Jesús en la cruz, en pleno talón. Quien lo haya sufrido coincidirá conmigo en que es una de las sensaciones más dolorosas que uno pueda experimentar.

AMSLa pose que comparto con ustedes  a continuación (tomada de mi libro Haga Yoga), puede usarse no sólo para tratar la fascitis plantar una vez se sufra, sino lo que es más importante, para prevenirla. Especialmente si ya la sufre, lo recomendable es entrar en la pose al apenas levantarse de la cama, con el fin de estirar toda el área afectada, desde la planta de los pies hasta las pantorrillas e isquiotibiales. A mí me funcionó, se la recomiendo!

Adho Mukha Svanasana (perro boca abajo)

Esta pose no es recomendable para personas con diarrea, dolor de cabeza, sensibilidad en la muñecas, o mujeres en la última etapa de embarazo. Por otro lado, esta pose aporta grandes beneficios al estirar toda la parte trasera del cuerpo, especialmente espalda, pantorillas y isquiotibiales. También estira los hombros, y ayuda a abrir los pectorales y las escápulas. Además, esta pose es recomendable para personas que sufran de hipertensión, pie plano, fascitis plantar, o rigidez en las pantorillas.

Iyengar_AMSComience de rodillas y con las manos apoyadas debajo de los hombros. Como si lo estuvieran levantando por la pelvis, estire las piernas empujando los fémur hacia atrás. Empuje los hombros hacia adelante como estirando las axilas y saque el pecho, a la vez que empuja las escápulas hacia adentro. En la medida de lo posible, procure alinear la cabeza, el tronco y los brazos, tratando de formar una “V” invertida.

Finalmente, empuje los talones hacia abajo tratando de que éstos permanezcan en contacto con el piso. La posibilidad de lograr esto estará limitada por la elasticidad de los isquiotibiales y pantorillas, así que sea paciente con su cuerpo. Respire normalmente y disfrute de la pose, manteniendo la pelvis hacia arriba y las escápulas hacia adentro. Para reducir el estrés en las muñecas, presione el piso con los dedos índice.

Si le resulta imposible, una progresión es intentarlo apoyando las muñecas en una mesa y empujando el tronco hacia abajo, hasta que la cabeza quede más abajo que la mesa.

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